En México, tener acceso a un banco, una tarjeta o una Afore ya no es el principal obstáculo para construir patrimonio. El reto real está en saber usar esas herramientas para tomar decisiones financieras de largo plazo. Los resultados de la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024, levantada por el INEGI en colaboración con la CNBV, confirman que el país ha avanzado en acceso, pero sigue rezagado en educación financiera aplicada, y esa brecha se refleja directamente en la forma en que las personas planean, o no, su retiro y patrimonio.
El estado de la educación financiera en México
La quinta edición de la ENIF, muestra avances importantes en inclusión, pero con un uso del sistema financiero que sigue siendo superficial. Cerca de 8 de cada 10 personas de entre 18 y 70 años, cuenta con al menos un producto financiero formal, ya sea una cuenta de ahorro, un crédito, un seguro o una Afore. El bienestar financiero auto percibido también creció 8 puntos entre 2021 y 2024, con mejoras particularmente notables entre mujeres y población de localidades rurales.
El problema no es tener un producto financiero, sino saber emplearlo con una meta clara. La propia ENIF 2024 documenta que 33.6% de la población no realizó ningún tipo de ahorro en el último año, y quienes sí ahorran lo hacen de manera informal: 58% del ahorro reportado ocurrió fuera del sistema financiero formal. Esta disociación entre tener acceso y usarlo con intención es, precisamente, el síntoma de una educación financiera insuficiente, y es también el punto de partida de la Estrategia Nacional de Educación Financiera.
El acceso a productos financieros no es suficiente
Diversos estudios recientes, señalan que tener un producto financiero no se traduce automáticamente en mayor bienestar si ese producto no se adapta a las necesidades del usuario. Una tarjeta de crédito sin un plan de pago, una cuenta de ahorro sin una meta definida o una Afore que nunca se revisa, son ejemplos de inclusión financiera sin educación financiera. Y es justo ahí donde se pierde la oportunidad de convertir el acceso en patrimonio real.
La planeación patrimonial, que es: Decidir cómo se acumula, protege y transmite el patrimonio a lo largo del tiempo, depende de una serie de decisiones: cuánto ahorrar, en qué instrumentos, con qué horizonte y con qué nivel de riesgo. Cada una de esas decisiones exige un nivel mínimo de educación financiera. Sin ese conocimiento, las personas tienden a priorizar el corto plazo, lo cual es comprensible, pero también es la razón principal por la que el ahorro para el retiro sigue siendo el eslabón más débil de las finanzas personales en México.
Postergar la educación financiera tiene un costo compuesto, literalmente. Cada año que una persona retrasa una decisión sobre su ahorro para el retiro, reduce el tiempo disponible para que ese dinero genere rendimientos. La ENIF 2021 ya documentaba que, de las personas que ahorraban en una cuenta bancaria, apenas 2.5% lo hacía específicamente pensando en la vejez o el retiro, frente a 41.1% que ahorraba para emergencias.
Cómo la educación financiera protege tu retiro
El vínculo entre educación financiera y retiro no es una hipótesis. En 2024, 42.2% de la población de 18 a 70 años contaba con una cuenta de ahorro para el retiro o Afore, un incremento de 3 puntos porcentuales respecto a 2021. El avance es real, pero el dato que mejor retrata el nivel de educación financiera aplicada es otro: de esas personas, solo 8% realizó aportaciones voluntarias a su cuenta, apenas 2.2 puntos más que en 2021.
Las aportaciones obligatorias a la Afore dependen del empleador y de la ley; las voluntarias dependen exclusivamente de una decisión de la persona. Que solo 8% de quienes tienen una cuenta de retiro decida aportar más allá de lo obligatorio es el indicador más claro de que la mayoría de la población no ha conectado, en términos concretos, su nivel de vida futuro con las decisiones que puede tomar hoy.
El PPR: una alternativa complementaria a la Afore
El ahorro voluntario dentro de la propia Afore no es la única vía para reforzar el retiro. Los Planes Personales de Retiro (PPR), son instrumentos ofrecidos por bancos, aseguradoras, casas de bolsa y administradoras de fondos de inversión, y funcionan como un complemento del ahorro en la Afore. Su principal atractivo es fiscal: las aportaciones son deducibles hasta por el 10% del ingreso anual, lo que en la práctica se traduce en una devolución de impuestos que puede reinvertirse en el propio plan. A diferencia del ahorro voluntario en la Afore, el PPR permite elegir entre distintos administradores y estrategias de inversión, es portable entre instituciones sin penalización fiscal, para una planeación patrimonial completa, vale la pena evaluar ambos casos: Aportaciones voluntarias a la Afore y un PPR en función del perfil fiscal y el horizonte de cada persona.
Estrategias para fortalecer tu educación financiera
Convertir estos datos en decisiones concretas empieza por revisar, con la misma seriedad con la que se revisa un estado de cuenta, en qué Afore está el ahorro, qué comisión se está pagando y qué rendimiento neto ha generado en los últimos años, ya que estas diferencias impactan directamente el monto final de la pensión. Otro paso es construir un fondo de emergencia equivalente a entre 3 y 6 meses de gastos fijos. Otro paso es un Plan Personal de Retiro (PPR) ya que permite elegir administrador y estrategia de inversión, es deducible de impuestos. El reto es que ninguna de estas decisiones, cuánto destinar al fondo de emergencia, qué comisión de Afore conviene, cuánto aportar a un PPR y con qué perfil de riesgo, tiene una respuesta única; depende del ingreso, la edad, la situación fiscal y las metas de cada persona, y equivocarse en la mezcla puede costar años de rendimiento perdido.
Es justo en ese punto donde la educación financiera por sí sola deja de ser suficiente y se vuelve necesaria una asesoría financiera profesional que traduzca estos conceptos en un plan patrimonial concreto y medible.
La educación financiera como base de tu tranquilidad
Los datos de la ENIF 2024 son claros: México ha logrado que más personas entren al sistema financiero, pero todavía falta que ese acceso se traduzca en decisiones informadas de largo plazo. La educación financiera no es un tema abstracto ni exclusivo de especialistas; es la herramienta concreta que determina si el patrimonio que se construye hoy será suficiente para sostener el nivel de vida deseado en el retiro. Entender estos datos es el primer paso; actuar con base en ellos, con acompañamiento profesional, es el que realmente marca la diferencia.