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Deudas o ahorro: ¿Qué deberías resolver primero?

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Es una de las preguntas más frecuentes en finanzas personales. También una de las más mal respondidas. La mayoría de los consejos financieros toman una posición absoluta: liquida toda la deuda antes de ahorrar un peso, o ahorra, aunque tengas deuda. Ambas posturas, llevadas al extremo, pueden costarte mucho dinero.

La respuesta correcta no depende de una regla universal. Depende del tipo de deuda que tienes, de la tasa de interés que pagas, del horizonte de tiempo que manejas, asi como de tu situación financiera específica.

Por qué la pregunta importa

Detrás de la pregunta ‘deudas o ahorro’ hay una decisión sobre a dónde va cada peso que sobra al mes. Si ese peso va a pagar deuda, reduce un pasivo. Si va al ahorro, construye un activo. Ambos movimientos mejoran el patrimonio neto, pero no con la misma eficiencia, y esa diferencia se acumula con el tiempo hasta volverse significativa.

Una persona que destina $3,000 pesos mensuales a pagar una tarjeta de crédito al 60% de interés anual obtiene un rendimiento garantizado del 60% sobre ese dinero. Ninguna inversión legal en México ofrece eso. En cambio, si esa misma persona destina esos $3,000 pesos a una cuenta de ahorro al 8% mientras la tarjeta sigue generando intereses, está perdiendo la diferencia entre el 60% que paga de interés y el 8% que gana de rendimiento. Cada mes, sin parar. Ese es el costo real de no hacer la pregunta correcta.

El principio que ordena la decisión: la tasa de corte

Existe un criterio financiero concreto para decidir entre pagar deuda o ahorrar. Se llama tasa de corte, aunque en la práctica es un concepto simple. La lógica es la siguiente: si la tasa de interés que pagas por tu deuda es mayor al rendimiento que obtendrías invirtiendo ese dinero, lo más rentable es liquidar la deuda primero. Si la tasa de tu deuda es menor al rendimiento potencial de invertir, puede ser más inteligente ahorrar mientras mantienes los pagos mínimos.

Cómo aplicar la tasa de corte a tus deudas

El ejercicio requiere dos números por cada deuda que tengas. El primero es la tasa de interés anual que te cobra el acreedor, dato que aparece en tu estado de cuenta o contrato. El segundo es el rendimiento anual que obtienes, o podrías obtener, en un instrumento de ahorro o inversión. Si la tasa de la deuda supera el rendimiento del ahorro, esa deuda tiene prioridad sobre cualquier instrumento de inversión.

En México, la mayoría de las tarjetas de crédito cobran entre el 40% y el 80% anual. Los créditos personales entre el 25% y el 45%. Las hipotecas entre el 9% y el 13%. Los CETES rinden alrededor del 9% al 11%. Un PPR bien estructurado puede rendir entre el 8% y el 14% dependiendo del perfil de inversión. Con esos números sobre la mesa, la priorización se vuelve mucho más clara.

Las deudas que siempre van primero

No todas las deudas son iguales. Algunas destruyen el patrimonio a una velocidad que ningún ahorro puede compensar. Identificarlas es el primer paso de cualquier estrategia financiera seria.

Tarjetas de crédito con saldo al mínimo

Pagar solo el mínimo de una tarjeta de crédito en México es una de las decisiones financieras más costosas que existe. Sobre un saldo de $50,000 pesos al 60% de interés anual, pagando únicamente el mínimo mensual, se pueden generar más de $30,000 pesos de intereses en un solo año. El saldo no baja de forma significativa porque la mayor parte del pago se destina a cubrir el costo financiero, no el capital. Mientras eso ocurre, cualquier cantidad ahorrada en otro instrumento está generando una fracción de lo que se pierde en intereses.

Créditos personales de alta tasa

Los créditos personales en México, especialmente los de rápido acceso o los que ofrecen las instituciones de consumo, suelen tener tasas entre el 30% y el 50% anual. A esas tasas, el costo de mantener el crédito activo supera con creces el rendimiento de cualquier instrumento de ahorro conservador. Si tienes un crédito personal a tasa alta, liquidarlo antes de abrir una cuenta de inversión es la decisión matemáticamente correcta, sin excepciones.

Deudas con garantía personal que comprometen activos clave

Algunas deudas no solo son caras; también ponen en riesgo activos que forman parte del patrimonio, como la vivienda o el negocio propio. Una deuda de ese tipo, aunque su tasa sea moderada, tiene una urgencia que va más allá del cálculo de tasa de corte. Mantenerla al corriente y reducirla activamente protege la base desde la que se construye el resto del patrimonio.

Las deudas que pueden coexistir con el ahorro

No toda deuda es un enemigo del ahorro. Algunas tienen características que permiten, e incluso justifican, construir un plan de ahorro en paralelo sin que el costo financiero destruya el avance.

La hipoteca: el caso más común de deuda buena

Una hipoteca en México a tasa del 9% al 11% anual es cara en términos absolutos, pero tiene dos características que la diferencian de una tarjeta de crédito. La primera es que financia un activo que en muchos casos aprecia en el tiempo. La segunda es que su tasa puede ser comparable, o incluso inferior, al rendimiento de algunos instrumentos de inversión de largo plazo. Si tu hipoteca tiene una tasa del 10% y un PPR con perfil moderado genera el 11%, tiene sentido pagar la hipoteca a su ritmo normal mientras simultáneamente construyes tu plan de retiro.

La excepción es cuando la hipoteca tiene una tasa variable alta o cuando el pago mensual representa una proporción tan grande del ingreso que deja poco margen real para ahorrar. En esos casos, reducir el saldo hipotecario puede liberar flujo mensual que después se destina al ahorro con mayor eficiencia.

Créditos de nómina a tasas bajas

Algunos empleados acceden a créditos de nómina a tasas entre el 10% y el 18% anual a través de sus empleadores o instituciones como el ISSSTE o el IMSS. Si la tasa está en ese rango, puede tener sentido mantener el crédito en su calendario de pagos y destinar el excedente mensual a un instrumento de ahorro que ofrezca un rendimiento superior o comparable. El criterio sigue siendo la tasa de corte: compara la tasa del crédito con el rendimiento esperado del instrumento alternativo.

El caso en que sí debes ahorrar antes de liquidar deudas

Existe una situación en la que ahorrar tiene prioridad absoluta sobre cualquier deuda, incluso las más caras. Se trata de la ausencia de un fondo de emergencia.

Sin un colchón de liquidez equivalente a tres a seis meses de gastos básicos, cualquier imprevisto, una pérdida de empleo, un gasto médico, una reparación inesperada, se convierte automáticamente en deuda nueva. Y la deuda de emergencia suele ser la más cara de todas: créditos personales rápidos, disposiciones de efectivo de tarjeta, préstamos con familiares.

El fondo de emergencia no es un lujo. Es el seguro que evita que el progreso financiero se reinicie cada vez que ocurre algo inesperado. Construirlo, aunque sea parcialmente, antes de acelerar el pago de deudas medianas, es una decisión racional que la mayoría de los asesores financieros serios respalda.

La respuesta no es única, pero tu estrategia sí puede serlo

Deudas o ahorro no es una pregunta con una sola respuesta. Es una decisión que depende de tu tasa de interés, tu fondo de emergencia, tu horizonte de tiempo. Lo que sí es universal es la necesidad de tomar esa decisión de forma consciente, con números concretos, en lugar de operar por intuición o por el consejo genérico de alguien que no conoce tu situación.